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Campañas electorales y violencia

Por Aarón Bravo Jiménez

No cabe duda que la Iglesia ha trabajado para establecer la convivencia pacífica y armoniosa entre los pueblos en diversas partes del mundo. En conflictos bélicos, el Papa ha sido mediador para la paz de muchas maneras. Sin embargo, resulta paradójico que una institución que ha laborado arduamente en favor de la paz se vea golpeada por la violencia.

En lo que va del sexenio, se ha reportado un total de 24 sacerdotes asesinados. Si a ello se suma los asesinatos en la presente administración, el número de víctimas de la violencia se cuenta por varios miles. Es evidente que la estrategia en el combate a la inseguridad en los últimos doce años ha fracasado. La experiencia nos ha mostrado que resulta contraproducente combatir la violencia con violencia.

Sirva lo anterior como preámbulo a lo que sucede en las campañas electorales. Con respecto a la seguridad, la mayoría de las propuestas son grises, mediocres. Todos se enfocan primordialmente en proteger los derechos del delincuente, en prevenir la conducta delictiva, en crear instituciones autónomas (no corruptas) que castiguen a los criminales, y así atacar el problema de la impunidad; éstas son medidas, sin duda, importantes para combatir el hampa; pero que, por otro lado, soslayan a las víctimas y a los ofendidos.

Las víctimas han sido silenciadas, desaparecidas; son, en consecuencia, inexistentes. Los inexistentes no tienen voz ni voto; por lo tanto, no tienen cabida en una política del espectáculo, que bombardea al electorado con propaganda que exalta desmesuradamente las cualidades de un candidato y descalifica violentamente a los adversarios. Con ello se sigue reproduciendo la fórmula: “violencia provoca violencia”.

Hace unos días, un conocido periodista envió un mensaje a través de las redes sociales en el cual insinuaba que, en un acto de fanatismo, un simpatizante cometiera un magnicidio. Esa incitación es reprobable desde cualquier enfoque. Puesto que se trata de la negación del mandamiento de Cristo “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Dicho precepto es la base para combatir la violencia y la labor de la Iglesia católica es pregonar con el ejemplo de amor de nuestro señor Jesucristo. En este sentido, puede ser una alternativa acertada solicitar la intervención del Papa para la pacificación de nuestra nación.

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