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Carta a las Familias | Abril – Mayo 2018

«¡Pascua, tiempo para crecer en la fe, la esperanza y el amor!»

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Queridas familias de la diócesis de Nezahualcóyotl, les saludo con inmensa alegría en Jesús Resucitado.

Alegría y regocijo han de ser los sentimientos que debemos experimentar durante este tiempo de pascua. Como un anuncio de alegría resuena la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, en un mundo sumergido en la tristeza y el dolor, la gran noticia es que ¡Cristo ha resucitado! ¡Cristo está vivo!
“Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (DA29).
Con el bautismo se nos infunden las tres virtudes teologales, Fe, Esperanza y Caridad, pero como creyentes maduros estamos llamados a hacerlas crecer, que florezcan y den fruto abundante en nuestra vida y para el bien de nuestros hermanos.
¿Como crecer en la fe? La respuesta está en nuestra determinación de buscar y crear una relación cercana y genuina con Dios al que deseamos descubir. Una relación que se hace íntima a través de la oración y de encontrar en los demás, por el amor, a Dios mismo.
La fe crece a través de nuestras experiencias de confianza y fidelidad, y de los sueños y valores compartidos que nos unen con las personas. La fe conlleva fortaleza, confianza, seguridad y respeto ante lo que Dios permite, y se refiere fundamentealmente a una relación entre la persona y su Creador.
Creemos en la persona de Jesús, no en un una idea o en una ideología. Creemos en Él, como persona y le creemos a Él, como Palabra de Vida Eterna.
En una sociedad como la nuestra en la que parece imperar la desesperanza, tendremos que detenernos y cuestionar: ¿Dónde podemos encontrar esperanza para vivir con sentido? ¿Qué horizonte podría iluminar nuestro andar? ¿Cómo intuir la esperanza de la resurrección?
Nuestro Dios, es el Dios de la esperanza, y en Él confiamos, puesto que su mirada ve más allá de nuestro propio horizonte y abre ante nosotros puertas que nadie podrá cerrar.

La esperanza es ante todo la fortaleza que siempre nos dispone a encontrar significado y plenitud, a saber estar presente en el aquí y en el ahora, liberándonos del aburrimiento y la apatía. La esperanza nos impulsa a la acción, al trabajo entusiasta, a la creación del futuro que en realidad deseamos tener. Solo cuando vislumbramos las posibilidades de la alegría y la felicidad, a pesar del dolor, la auténtica esperanza florece en nuestro interior.

Por ultimo, aprendamos a crecer en el amor, y que este sea el eje rector de todas nuestras acciones cotidianas. Siendo amables los unos con los otros, accesibles y sencillos.

Sirvamos con alegría, cortesia y calidad humana. Aprendamos a tendernos la mano, ayudarnos los unos a los otros.
A ser compasivos, interesarnos realmente por el otro, abrir nuestro corazón al hermano y ser empáticos, para reconocer hábilmente lo que el otro necesita de mí.

Y finalmente aprendamos a ser agradecidos, con palabras, gestos y con la cercanía que nos da el acto de tocarnos, como el abrazo entre amigos, el apretón de manos entre colegas o la palmada en el hombro que nos aproxima, incluso con el más extraño, o de forma íntima en la pareja. El afecto permite el fluir de toda relación, crea alegría en nuestras vidas y nos permite creer, esperar y amar.

Por último, les invito para que nos preparemos y participemos en la peregrinación anual a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, el 1º de Mayo para que juntos como Iglesia Diocesana que peregrina, nos postremos ante los pies de la morenita del Tepeyac, para ofrécele nuestro amor fiel y sincero y nuestra alabanza agradecida.

¡Feliz Pascua de resurrección!

Con mis oraciones y cariño les imparto de corazón mi bendición

 

Mons. Héctor Luis Morales Sánchez.
Obispo de la Diócesis de Nezahualcóyotl

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