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¿Deben los sacerdotes sí o no participar en política?

Redacción: Francisco Xavier Sanchez

En estos días el sacerdote mexicano Alejandro Solalinde Guerra acaba de ser nominado para obtener el premio nobel de la Paz 2017. Un sacerdote que ha denunciado la corrupción que existe en México y la violencia que se ejerce contra los migrantes que llegan a nuestro país. Conozco al P. Alejandro porque he colaborado con él en su alberge “Hermanos en el camino”. Por otra parte el obispo de Cuernavaca, Morelos, Ramón Castro Castro, ha estado denunciado últimamente los abusos del gobernador de Morelos, Graco Ramírez, lo que le ha valido intimidaciones y acusaciones por intervenir en política. ¿Deben los sacerdotes y los ministros de culto involucrarse en política?

Todos los seres humanos queramos o no queramos tenemos que ver con la política. Esta antigua separación entre “política” y “religión” da muestra de una ignorancia tanto política como religiosa.

1). Políticamente Aristóteles, ya en el siglo IV a de C., definía al hombre como un animal político (zoon politikon). Es decir que no podemos vivir sin la POLITICA, ya que al ser sociales vivimos con los demás, tenemos intercambios comerciales, culturales, económicos, etc. Es necesario hacer la distinción entre la POLÍTICA (con mayúsculas) que es la búsqueda del Bien Común al cual todos estamos llamados buscar, y es la política a la que se refiere Aristóteles; y la política (con minúsculas), que es la política profesional y partidista, en que sólo una parte de la sociedad participa (diputados, senadores, presidentes, etc.).

2). Religiosamente. ¿Jesucristo fue un hombre político? Los partidarios de una religión puramente espiritual y que no tome en cuenta la carne y las necesidades concretas del ser humano, seguramente dirán que política y religión son dos cosas distintas, casi como el agua y el aceite. Sin embargo la esencia misma de toda religión digna de ese nombre (religare: unir a los hombres con Dios y entre ellos mismos) implica dimensiones políticas (vestirse, educación, salud, etc.).

Cito solamente un ejemplo de la vida de Cristo para ver todas las implicaciones políticas que hubo en sus enseñanzas. “Enviaron donde Jesús a algunos fariseos junto con los partidarios de Herodes. Esa gente venía con una pregunta que era una verdadera trampa. Y dijeron a Jesús: “Maestro sabemos que eres sincero y no te preocupas de quién te oye, ni te dejas influenciar por él, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios. Dinos, ¿está permitido pagar el impuesto al César o no? ¿Debemos pagarlo o no? Pero Jesús desenmascarándolos, les dijo: ¿Por qué me ponen trampas? Tráiganme una moneda para verla.” Le mostraron un denario, y Jesús les preguntó: “¿De quien es esta cara y lo que está escrito?” Ellos le respondieron: “Del César.” Entonces Jesús les dijo: “Lo que es del César, devuélvanselo al César, y lo que es de Dios, a Dios.” Y quedaron muy sorprendidos de esto.” (Marcos 12, 13-17). En este pasaje (que algunos malinterpretan para mostrar una separación entre la política y Dios) vemos la sabiduría del Maestro. El César había construido un mundo político y económico a su servicio. Era tan arrogante que había mandado grabar las monedas con su rostro (en México son las escuelas y las avenidas que se graban con los nombres de nuestros presidentes mientras viven. ¡Cuanto cinismo y arrogancia!). Jesús está en contra de ese sistema político-económico, hecho a la figura de un hombre corrupto y sanguinario como era el César, por eso responde: “Denle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.”. Jesús no está diciendo a sus discípulos que no se metan en cuestiones de política o de economía, sino que los invita a que sean creativos y que busquen una economía distinta. Esa moneda que tanto ama el César devuélvansela a él, para Dios busquen otra economía más humana, más solidaria, más evangélica.

Nuestros políticos en México se molestan porque personas como el obispo Ramón Castro o el Padre Alejandro Solalinde han hecho fuertes críticas a la ineptitud de nuestros gobernantes y a la corrupción de nuestro sistema político mexicano. Pero estos mismos políticos (del partido que sea) promueven como diputada, y como presidente municipal de Cuernavaca, a una vulgar actriz y a un mediocre jugador de fútbol (me refiero a su calidad humana) para que decidan sobre el destino político de los mexicanos.

Si en México estamos mal es porque hemos dejado la Política en manos de unos cuantos ladrones que se han apoderado de nuestro país. No solo los sacerdotes sino que todos los mexicanos estamos obligados –con mayor razón si somos cristianos– a buscar una sociedad más justa.

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