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Dos voluntades de Jesús. Bautismo y Confirmación y más

Por Pbro. Roberto Delgado

III Concilio de Constantinopla, 680-681 (VI Ecuménico contra los monotelitas)

Temas que abordó:
1) Definición sobre las dos voluntades en Cristo
2) San Sergio I, 687-701. XV Concilio de Toledo, 688. Protestación sobre la Trinidad y la Encarnación
3) XVI Concilio de Toledo, 693. Profesión de Fe sobre la Trinidad
4) San Gregorio II, 715-731. De la forma y ministro del Bautismo
5) San Gregorio III, 731-741. Sobre el Bautismo y la Confirmación
6) San Zacarías, 741-752. De la forma y ministro del Bautismo
7) Adriano I, 772-795. Del Primado del Romano Pontífice
8) De los errores de los adopcianos
9) Sobre la predestinación y diversos abusos de los españoles

5) San Gregorio III, 731-741. Sobre el Bautismo y la Confirmación (De la Carta Doctoris ómnium a San Bonifacio, de 29 de Octubre de 739)

Porque aquellos que han sido bautizados por la diversidad y declinación de las lenguas de la gentilidad; sin embargo, puesto que han sido bautizados en el nombre de la Trinidad, hay que confirmarlos por la imposición de las manos y del sacro crisma.

6) San Zacarías, 741-752. De la forma y ministro del Bautismo (De la Carta Virgilius et Sedonius a San Bonifacio, de 1 de Julio de 746)

Nos refirieron, en efecto, que había en la misma provincia un sacerdote que ignoraba totalmente la lengua latina, y al bautizar sin saber latín, infringiendo la lengua, decía: “Baptizo te in nomine Patria et Filia et Spiritus Sancti”. Y por eso tu reverenda fraternidad consideró que se debía rebautizar. Pero si el que bautizó lo dijo al bautizar no introduciendo error o herejía, sino sólo infringiendo la lengua por ignorancia del latín, como arriba hemos confesado, no podemos consentir que de nuevo se rebauticen.

(De la Carta 10 u 11 Sacris Liminibus a San Bonifacio, de 1 de Mayo de 748)

Se sabe que en aquél (Sínodo de los anglos), tal decreto y juicio fue firmísimamente mandado y diligentemente demostrado: Que quienquiera hubiere sido bañado sin la invocación de la Trinidad, no tiene el sacramento de la regeneración. Lo que es absolutamente verdadero; pues si alguno hubiere sido sumergido en la fuente del bautismo sin invocación de la Trinidad, no es perfecto, si no hubiere sido bautizado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

8) De los errores de los adopcianos (De la Carta Institutio Universalis, a los Obispos de España, del año 785)

… Por cierto que de sus tierras ha llegado a nosotros una lúgubre noticia y es que algunos Obispos que ahí moran, a saber, Elipando y Ascárico con otros que los siguen, no se avergüenzan de confesar como adoptivo al Hijo de Dios, blasfemia que jamás ningún hereje se atrevió a proferir en sus ladridos, si no fue aquel pérfido Nestorio que confesó por puro hombre al Hijo de Dios…

9) Sobre la predestinación y diversos abusos de los españoles (De la misma Carta a los Obispos de España)

Acerca de lo que algunos de ellos dicen que la predestinación a la vida o a la muerte está en el poder de Dios y no en el nuestro, éstos replican: “¿A qué esforzarnos en vivir, si ello está en el poder de Dios?”; y los otros, a su vez: “¿Por qué rogar a Dios que no seamos vencidos en la tentación, si ello está en nuestro poder, como por la libertad del albedrío?”. Porque, en realidad, ninguna razón son capaces de dar ni de recibir, ignorando la sentencia del bienaventurado Fulgencio… (contra cierto pelagiano): “Luego Dios preparó las obras de misericordia y de justicia en la eternidad de su inconmutabilidad… preparó, pues los merecimientos para los hombres que habían de ser justificados; preparó también los premios para glorificación de los mismos; pero a los malos, no les preparó voluntades malas u obras malas, sino que les preparó justos y eternos suplicios. Esta es la eterna predestinación de las futuras obras de Dios y como sabemos que nos fue siempre inculcada por la doctrina apostólica, así también confiadamente la predicamos…”

He aquí, carísimos, los diversos capítulos de lo que hemos oído de esas partes: Que muchos que dicen ser católicos, llevando vida común con los judíos y paganos no bautizados, tanto en comidas y bebidas como en diversos errores, en nada dicen que se manchan; y la prohibición de que nadie lleve el yugo con los infieles, pues ellos bendecirán sus hijas con otro y así serán entregadas al pueblo infiel; y que los antedichos presbíteros son ordenados sin examen para presidir al pueblo; y todavía ha prevalecido otro enorme error pernicioso y es que esos pseudosacerdotes, aun viviendo el varón, toman las mujeres en connubio, juntamente con lo de la libertad del albedrío y otras muchas cosas que de esas partes hemos oído y que fuera largo enumerar…

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