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El pecado original y otros temas

Por Pbro. Roberto Delgado

Concilio de Calcedonia, 451 (IV Ecuménico contra los monofisitas)

Temas que abordó:
1) Definición de las dos naturalezas de Cristo
2) Sobre el Primado del Romano Pontífice
3) De las ordenaciones de los clérigos
4) De la guarda de la fe recibida (San Simplicio, 468-483)
5) De la inmutabilidad de la Doctrina Cristiana
6) De la Gracia y la Predestinación (Concilio de Arles, 475)
7) Que no deben tratarse nuevamente los errores que una vez fueron condenados (San Gelasio I, 492-496)
8) Del canon de la Sagrada Escritura
9) Del Primado del Romano Pontífice y sobre las Sedes Patriarcales
10) De la autoridad de los Concilios y de los Padres
11) De los Apócrifos, que no se aceptan
12) De la remisión de los pecados
13) De las ordenaciones de los cismáticos (San Anastasio II, 496-498)
14) Sobre el origen de las almas y sobre el pecado original
15) De la infalibilidad del Romano Pontífice (San Hormisdas, 514-523)
16) Del canon, del Primado, de los Concilios y de los Apócrifos
17) Sobre la autoridad de San Agustín
18) Sobre el pecado original, la gracia, la predestinación (II Concilio de Orange)
19) Confirmación del II Concilio de Orange (Bonifacio II, 530-532)
20) Acerca de “Uno de la Trinidad ha padecido” y de la B. V. M., Madre de Dios
21) Cánones contra Orígenes (Vigilio, 540-555)

11) De los Apócrifos, que no se aceptan (Índice de Libros Prohibidos, después de presentar una larga serie de apócrifos, concluye así el Decretum Gelasianum)

Estos y otros escritos semejantes que enseñaron y escribieron todos los heresiarcas y sus discípulos o los cismáticos, no sólo confesamos que fueron repudiados por toda la Iglesia Romana Católica y Apostólica, sino también desterrados y juntamente con sus autores y los secuaces de ellos para siempre condenados bajo el vínculo indisoluble del anatema.

14) Sobre el origen de las almas y sobre el pecado original (De la Carta Bonum atque iucundum, a los Obispos de Francia de 23 de Agosto de 498)

En lo que acaso piensan que hablan piadosa y exactamente, es decir, que con razón afirman que las almas son trasmitidas por los padres, como quiera que están enredadas en pecados, deben con esta sabia separación distinguir: Que ellos no pueden transmitir otra cosa que lo que ellos con extraviada presunción cometieron, esto es, la pena y la culpa del pecado que pone bien de manifiesto la descendencia que por transmisión se sigue, al nacer los hombres malos y torcidos. Y claramente se ve que en esos solo no tiene Dios parte ninguna, pues para que no cayeran en esa fatal calamidad, se lo prohibió y predijo con el ingénito terror de la muerte. Así, pues, por la transmisión, aparece evidentemente lo que por los padres se entrega, y se muestra también qué es lo que desde el principio hasta el fin haya obrado o siga aún Dios obrando

18) Sobre el pecado original, la gracia, la predestinación (II Concilio de Orange, 529, en la Galia; confirmado por Bonifacio II contra los semipelagianos)

De la predestinación
También creemos según la fe católica que, después de recibida por el bautismo la gracia, todos los bautizados pueden y deben, con el auxilio y cooperación de Cristo, con tal que quieran fielmente trabajar, cumplir lo que pertenece a la salud del alma. Que algunos, empero, hayan sido predestinados por el poder divino para el mal, no sólo no lo creemos, sino que si hubiere quienes tamaño mal se atrevan a creer, con toda detestación pronunciamos anatema contra ellos. También profesamos y creemos saludablemente que en toda obra buena, no empezamos nosotros y luego somos ayudados por la misericordia de Dios, sino que Él nos inspira primero -sin que preceda merecimiento bueno alguno de nuestra parte- la fe y el amor a Él, para que busquemos fielmente el sacramento del bautismo, y para que después del bautismo, con ayuda suya, podamos cumplir lo que a Él agrada. De ahí que ha de creerse de toda evidencia que aquella tan maravillosa fe del ladrón a quien el Señor llamó a la patria del paraíso (Lc 23, 43) y la del centurión Cornelio, a quien fue enviado un ángel (Hch 10, 3) y la de Zaqueo, que mereció hospedar al Señor mismo (Lc 19, 6), no les vino de la naturaleza, sino que fue don de la liberalidad divina

21) Cánones contra Orígenes (Del Liber adversus Orígenes, del Emperador Justiniano, de 543)

Can. 1. Si alguno dice o siente que las almas de los hombres preexisten, como que antes fueron inteligentes y santas potencias; que se hartaron de la divina contemplación y se volvieron en peor y que por ello se enfriaron en el amor de Dios, de donde les viene el nombre de (frías), y que por castigo fueron arrojadas a los cuerpos, sea anatema.

Can. 2. Si alguno dice o siente que el alma del Señor preexistía y que se unió con el Verbo Dios antes de encarnarse y nacer de la Virgen, sea anatema

Can. 3. Si alguno dice o siente que primero fue formado el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo en el seno de la Santa Virgen y que después se le unió Dios Verbo y el alma que preexistía, sea anatema

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