En Veracruz la violencia no tiene límites

| Conferencia del Episcopado Mexicano

Hace tiempo que en Veracruz que la violencia no tiene límites, ni horas, ni lugares, ni respeto a lo sagrado.

Por la presente, como pastor de la Diócesis de Córdoba, me uno a los feligreses de la Rectoría de Nuestra Señora de Guadalupe, en el Crucero Nacional en Fortín de la Flores, Veracruz y a su valiente pastor en el P. Jorge Monteros Díaz, quien prudentemente pidió a los fieles que esperaban la misa de las 6 p.m. de hoy sábado 18 de mayo, replegarse hacia el fondo del templo, mientras se escuchaban las numerosas detonaciones de arma haz dirigidas Contra dos hombres jóvenes que habían ingresado apenas al estacionamiento externo de la Rectoría.

Al momento que escribo este comunicado, se ha informado que los dos jóvenes murieron, a consecuencia de las balas percutidas desde la Calle por personas que habían bajado de dos vehículos.

Nos unimos, por supuesto, al dolor y pérdida de las familias de los jóvenes asesinados. No conocemos aún si identidad. A sus familiares puede quedarles algo de consuelo el saber que, Tiempo después el padre Jorge a pesar de ser un sacerdote de edad avanzada tuvo el gesto compasivo de orar y darles la absolución bajo condición y el sacramento de la Unción, encomendándoles a la misericordia infinita de Dios nuestro Padre.

El mismo padre Jorge, a solicitud de los familiares de la joven cuya Misa de XV Años no pudo celebrarse, acudió también a darle una bendición a la quinceañera y a su familia en el salón de fiesta, para dejar abierto para ella un horizonte de paz y el camino de la esperanza y la vida plena que toda familia y todo joven anhela recorrer. El padre Jorge con ánimo me comentó: mañana domingo tendremos las misas en sus horarios de costumbre.

Exigimos de las autoridades de los tres niveles de gobierno, planes realistas y eficaces contra la delincuencia organizada y la corrupción que dan origen a tantas agresiones cada vez más frecuentes que viene padeciendo la sociedad: desapariciones, secuestros, balaceras, cobros de piso, extorsiones y proliferación de las adicciones, destruyendo la vida de tantas familias y la esperanza de los jóvenes.

No es la primera vez que estos atontados se dan cerca de templos o escuelas, o comercios, a plena luz del día, provocando el temor de los ciudadanos y la clausura de comercios o proyectos adictivos ante el clime tan enrarecido de violencia que vivimos.

Nuestra oración también va a Dios, para que toque los corazones de los causantes de estos males: ellos están cegados o anestesiados por el señuelo que les propone el espíritu del maligno, haciéndoles creer que en el dinero fácil o mal habido, o en la vanidad por conquistar territorios para sus negocios sucios, le van a encontrar algún sentido a sus pobres y desperdiciadas vidas. Les recuerdo lo que el Señor Jesús advirtió el apóstol Pedro: “el que a hierro mata, a hierro muere” (Mateo 26, 51), y sin embargo, Jesús nunca dejó de ofrecer esperanza, se mostró siempre abierto al arrepentimiento del pecador y a interceder desde la cruz por todos nosotros.

Hermanos: reforzaremos la oración por la paz y la concordia de la socirdad, promoviendo con nuestra palabra y nuestras obras el valor sagrado de toda vida y la dignidad humana de toda persona.

Que nos anime la esperanza de las lecturas de este Domingo 5º de Pascua, en la que a través de la visión profética de San Juan se nos anuncia una tierra y un cielo nuevo, que debemos adelantar y acelerar con nuestras obras y nuestra confianza en Dios: “enjuagará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado. Entonces dijo el que está sentado en el trono: «Mira que hago un mundo nuevo » (Apocalipsis 21,5).

+ Eduardo Patiño Leal
Obispo de Córdoba

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