Entrega generosa… La Profesión religiosa

Redacción: Pastoral Juvenil Vocacional

Muchos fieles, llamados por Dios, son consagrados mediante los vínculos de la vida religiosa, al servicio del Señor y al bien de los hombres y se esfuerzan por seguir más de cerca a Cristo Jesús, observando los consejos evangélicos.

La Iglesia, Madre piadosa, ha estimado siempre mucho la vida religiosa que, bajo la guía del Espíritu Santo, ha revestido diversas formas en el de curso de los siglos; la ha elevado a la dignidad de estado canónico (no de “sacramento”, como erróneamente postulan algunos); ha aprobado muchas familias religiosas y las protege con leyes prudentes.

La misma Iglesia, en efecto, recibe los votos de los que profesan, alcanza de Dios para ellos auxilios y gracias con su oración publica, los encomienda a Dios y les da su bendición espiritual, asociando su oblación al Sacrificio eucarístico.

Efectivamente, del Sacrificio eucarístico se nutre y recibe su razón de ser la toda vocación a la vida religiosa. Las etapas por las que los religiosos se entregan a Dios y a la Iglesia son: a) noviciado, b) primera profesión, y c) profesión perpetua.

A esto se añade, según las constituciones de los Institutos, la renovación de votos. El noviciado, por el que comienza la vida religiosa, es tiempo de experiencia, tanto para el novicio como para la familia religiosa. Conviene que al empezar el noviciado se tenga algún rito (no se especifica qué rito; las autoridades competentes de las familias religiosas respectivas habrán de decidir cuál) por el que se pida la gracia de Dios para conseguir su fin peculiar. Este rito, por su misma naturaleza, debe ser sobrio y breve, reservado a la comunidad. Primera profesión, por esta el novicio se compromete, con los votos temporales, emitidos ante Dios y ante la Iglesia, a observar los consejos evangélicos. (Son pobreza, castidad y obediencia, a los que algunas familias religiosas añaden otros). La emisión de los votos temporales puede hacerse dentro de la Misa, pero sin especial solemnidad. El rito de la primera profesión incluye la entrega del hábito y de las demás insignias de la vida religiosa, pues según una antiquísima costumbre, el há- bito se entrega al acabar el tiempo de prueba; ya que el hábito es signo de vida consagrada. Concluido el tiempo señalado, se emite la profesión perpetua. El religioso se entrega por ella perpetuamente al servicio de Dios y de la Iglesia. La profesión perpetua representa a Cristo unido con un vínculo indisoluble a la Iglesia, su esposa. El rito de la profesión perpetua, con la conveniente solemnidad, se celebra muy oportunamente dentro de la Misa, ante los religiosos y el pueblo.

Pastoral Juvenil Vocacional

Escribe tu comentario

comentarios