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Forma del Bautismo y el tiempo de la unión hipostática

Por Pbro. Roberto Delgado

II Concilio de Constantinopla, 553 (V Ecuménico sobre los Tres Capítulos)

Temas que abordó:
1) Sobre la tradición eclesiástica
2) Anatematismos sobre los tres capítulos
3) De los novísimos
4) De la forma del bautismo
5) Del Primado del Romano Pontífice
6) Concilio de Braga, 561. Anatematismos contra los herejes, especialmente contra los priscilianistas
7) Sobre la unicidad de la Iglesia
8) De la necesidad de la unión con la Iglesia
9) San Gregorio I, el Magno, 590-604. De la ciencia de Cristo contra los agnoetas
10) Del bautismo y órdenes de los herejes
11) Del tiempo de la unión hipostática
12) Honorio I, 625-638. De dos voluntades y operaciones en Cristo
13) Juan IV, 640-648. Del sentido de las palabras de Honorio acerca de las dos voluntades
14) San Martín I, 649-653. Concilio de Letrán, 649 contra los monotelitas. De la Trinidad, Encarnación, etc.
15) XI Concilio de Toledo, 675. Símbolo de la Fe (Sobre todo acerca de la Trinidad y de la Encarnación), contra los priscilianistas
16) San Agatón, 678-681. Concilio Romano, 680 sobre la unión hipostática

1) Sobre la Tradición eclesiástica

Confesamos mantener y predicar la fe dada desde el principio por el grande Dios y Salvador nuestro Señor Jesucristo a sus Santos Apóstoles y por éstos predicada en el mundo entero; también los Santos Padres y, sobre todo, aquellos que se reunieron en los cuatro santos concilios, la confesaron, explicaron y transmitieron a las santas Iglesias. A estos Padres seguimos y recibimos por todo y en todo… y todo lo que no concuerda con lo que fue definido como fe recta por los dichos cuatro concilios, lo juzgamos ajeno a la piedad, y lo condenamos y anatematizamos.

3) De los novísimos (De la Fe de Pelagio, en la Carta Humani Generis a Childeberto I, de abril de 557)

Todos los hombres, en efecto, desde Adán hasta la consumación del tiempo, nacidos y muertos en el mismo Adán y su mujer, que no nacieron de otros padres, sino que el uno fue creado de la tierra y la otra de la costilla del varón (Gen 2, 7 y 22), confieso que entonces han de resucitar y presentarse ante el tribunal de Cristo (Rom 14, 10), a fin de recibir cada uno lo propio de su cuerpo, según su comportamiento, ora bienes, ora males (2 Cor 5,10); y que a los justos, por su liberalísima gracia, como vasos que son de misericordia preparados para su gloria (Rom 9, 23), les dará los premios de la vida eterna, es decir, que vivirán sin fin en la compañía de los ángeles, sin miedo alguno a la caída suya; a los inicuos, empero, que por albedrío de su propia voluntad permanecen vasos de ira aptos para la ruina (Rom 9, 22), que o no conocieron el camino del Señor o, conocido, lo abandonaron cautivos de diversas prevaricaciones, los entregará por justísimo juicio a las penas del fuego eterno e inextinguible, para que ardan sin fin. Esta es, pues, mi fe y esperanza, que está en mi por la misericordia de Dios. Por ella sobre todo nos mandó el bienaventurado Apóstol Pedro que hemos de estar preparados a responder a todo el que nos pida razón (1 Pe 3, 15).

4) De la forma del bautismo (De la Carta Admonemus ut, a Gaudencio, obispo de Volterra, hacia el año 560)

Hay muchos que afirman que sólo se bautizan en el nombre de Cristo y por una sola inmersión; pero el mandato evangélico, por enseñanza del mismo Dios Señor y Salvador nuestro Jesucristo, nos advierte que demos el santo bautismo a cada uno en el nombre de la Trinidad y también por triple inmersión. Dice, en efecto, nuestro Señor Jesucristo a sus discípulos: “Vayan, bauticen a todas las naciones en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28, 19).

Si, realmente, los herejes que se dice moran en los lugares vecinos a tu dilección, confiesan tal vez que han sido bautizados sólo en el nombre del Señor, cuando vuelvan a la fe católica, los bautizarás sin vacilación alguna en el nombre de la santa Trinidad.

Si, empero, por manifiesta confesión apareciere claro que han sido bautizados en nombre de la Trinidad, después de dispensarles la sola gracia de la reconciliación, te apresurarás a unirlos a la fe católica, a fin de que no parezca se hace de otro modo que como manda la autoridad del Evangelio.

11) Del tiempo de la unión hipostática (De la Carta Quia charitati a los Obispos de Hiberia)

Y no fue primero concebida la carne en el seno de la Virgen y luego vino la divinidad a la carne; sino inmediatamente, apenas vino el Verbo a su seno, inmediatamente, conservando la virtud de su propia naturaleza, el Verbo se hizo carne… ni fue primero concebido y luego ungido, sino que el mismo ser concebido por obra del Espíritu Santo de la carne de la Virgen, fue ser ungido por el Espíritu Santo.

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