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Hacia el año de los jóvenes

“Queridos jóvenes: Según el evangelio de Lucas, después de haber recibido el anuncio del ángel y haber respondido con su «sí» a la llamada para ser madre del Salvador, María se levanta y va de prisa a visitar a su prima Isabel, que está en el sexto mes de embarazo (Cfr. 1, 36. 39). María es muy joven; lo que se le ha anunciado es un don inmenso, pero comporta también un desafío muy grande; el Señor le ha asegurado su presencia y su ayuda, pero todavía hay muchas cosas que aún no están claras en su mente y en su corazón.

Y sin embargo, María no se encierra en casa, no se deja paralizar por el miedo o el orgullo. María no es la clase de personas que para estar bien necesita un buen sofá donde sentirse cómoda y segura. No es una joven-sofá. Si su prima anciana necesita una mano, ella no se demora y se pone inmediatamente en camino”. Con estas palabras comienza el discurso que el santo padre, el Papa Francisco dirigió a inicios de este año a los jóvenes de todo el mundo, con el vivo deseo de volver la mirada hacia aquellos miembros de la Iglesia que no pocas veces son olvidados o poco tenidos en cuenta en razón de su poca experiencia en la vida y sus característicos arrebatos de juventud.

Y como el mismo Papa lo dice en su mensaje, el próximo año estará caracterizado por un ambiente joven en la Iglesia, primero por el Sínodo de los obispos que se llevará acabo en el mes de octubre del próximo año y donde el tema central son los jóvenes, ocasión para orar y para dejar entrar en la Iglesia aquellos vientos jóvenes que refrescan a la
Iglesia y la hacen aparecer como la bella esposa de Cristo, segundo por la trigésima segunda Jornada Mundial de la Juventud que se realizará en Panamá en el 2019 con la asistencia del Papa.

La invitación del Papa será un trabajo de toda la Iglesia y no sólo de los obispos, ni sólo de los jóvenes, trabajo que implica atención, disposición, oración, renovación, compromiso y fe para con los jóvenes más cercanos a nuestra realidad, pues ellos construyen el presente más próximo a nosotros, de ellos es el futuro de la Iglesia y del evangelio, serán ellos los artífices de un mundo nuevo en el que las tecnologías sigan alejando a los hombres de las relaciones humanas tan indispensables y necesarias en el encuentro real y no virtual. Así, el año dedicado a los jóvenes y que ha sido inaugurado el último fin de semana de octubre en todas las diócesis del mundo, se convertirá en una parte aguas de compromisos para los jóvenes que están llamados a tomar la estafeta de la fe y del evangelio para convertirse en misioneros de los mismos jóvenes que viven sin la luz del sentido de su existencia, y al mismo tiempo será un parte aguas para nosotros los adultos que estamos llamados a compartir nuestra experiencia de fe con la que hacemos frente a la realidad imperiosa que nos circunda. Haciéndolos conscientes de esta tarea y de este reto en la Iglesia, los saludamos al abrir una nueva edición de Mensaje, deseando que nuestros lectores, junto a nosotros y a toda la Iglesia se sientan involucrados en esta tarea de la Iglesia en todo el mundo.
Hacia

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