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La misa no se paga

Periódico Provincial Mensajero
No. 251 / Pág. 13 / Iglesia y Cultura.
Redacción: CODIPACS Izcalli.

En la audiencia general del 07 de marzo del presente año, el Santo Padre Francisco, hablando del sacramento de la eucaristía, ha dicho con mucha claridad que “la misa no se paga”, asunto que enseguida comenzó a dar vueltas en las redes sociales hasta crear malos entendidos y ya en algunos lugares problemas en las parroquias, por eso, aquí nos damos a la tarea de poner el texto (al menos el párrafo íntegro en que se menciona), para entender el contexto en que fue dicha tal afirmación: La plegaria eucarística pide a Dios recoger a todos sus hijos en la perfección del amor, en unión con el Papa y el Obispo, mencionados por nombre, signo de que celebramos en comunión con la Iglesia universal y la Iglesia particular.

La súplica (oración), como la ofrenda, es presentada a Dios por todos los miembros de la Iglesia, vivos y difuntos, en espera de la feliz esperanza de compartir la herencia eterna del cielo, con la Virgen María (Cfr. CCC 1369-1371).

Ninguno y nadie es olvidado en la Plegaria eucarística, sino que toda cosa es recordada a (por) Dios, como lo recuerda la doxología que la concluye. Ninguno es olvidado.

Y si yo tengo cualquier persona, pariente, amigo, que están en la necesidad o han pasado de este mundo al otro, puedo nombrarlos en aquel momento, interiormente y en el silencio, o hacer escribir de manera que el nombre sea dicho. “¿Padre, cuánto debo pagar porque el nombre sea dicho ahí?” -“nada”. ¿Entienden esto? ¡Nada! La misa no se paga. La misa es el sacrificio de Cristo, que es gratuito. La redención es gratuita.

Si tú quieres hacer una ofrenda, hazla, pero no se paga.

Esto es importante entenderlo.

Primero, el Papa está hablando del gran misterio de la Eucaristía, sacrificio de Cristo en la cruz, donde ninguno, ni los vivos ni los muertos, somos, ni estamos olvidados; eso debe darnos mucha paz, sobre todo cuando estamos pasando por un mal momento; la eucaristía bien vivida, se convierte en refugio, consuelo y esperanza.

De manera que, si nosotros no hemos alcanzado a anotar en la oficina parroquial la intención por la que queremos que se ofrezca la misa, solo hace falta entrar en la dinámica de la celebración, participar en ella con viva fe y de forma activa, y presentar al Señor nuestras peticiones.

Segundo, la celebración Eucarística no es un foro al que acudimos sólo porque en ella se mencionará a nuestros difuntos con ocasión de su aniversario luctuoso.

La santa misa es celebración de unidad con toda la Iglesia que proclama la esperanza del encuentro definitivo con Cristo, en este sentido, la misa es más que un evento social, es un lugar de encuentro con Dios y con la comunidad.

Nadie puede decir “esta es mi misa”, porque nadie puede adueñarse de ella, ni si quiera el mismo sacerdote que la preside.

Tercero, la misa no se paga porque, en efecto, no tiene un costo, y si lo tuviera, nadie sobre la tierra lo podría pagar, porque no hay dinero o bienes materiales que pudieran pagarlo.

Es un error decir que alguien ya pagó la misa o que pregunte cuánto cuesta la misa, en realidad se da una ofrenda como signo de gratitud a la oración que otros hacen por mi, sin embargo, dice el Papa, aún cuando no venga pronunciado el nombre o la intención, nadie en el sacrificio eucarístico es olvidado por Dios.

Siempre será una celebración de la Gracia del Señor y una celebración de toda la Iglesia. De manera que, nadie puede pagar la misa, y nadie puede sentirse dueño de ella, lo mismo que nadie puede hacer de ella un acto a su antojo.

La misa es y será siempre un momento de encuentro con Dios y una oportunidad para unirse a la Iglesia que peregrina en el mundo, que purga sus faltas y que triunfante celebra en la eternidad con Cristo.

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