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La participación política de los cristianos es una responsabilidad ineludible

Periódico Provincial Mensajero
No. 251 / Pág. 3 / Editorial.
Redacción: Lic. Guillermo Valencia / Diócesis de Ecatepec.

Imaginemos que todos viajamos en una aeronave, de pronto uno de los pilotos enloquece y pretende
impactar la nave en una montaña. Los pasajeros y los demás miembros de la tripulación podemos asumir diversas actitudes: intentar corregir la situación o abstenernos de hacer algo y fingir que no pasa nada diciendo que no es 2asunto nuestro.

En “El Gobierno de los Príncipes”, Santo Tomás de Aquino compara el arte de gobernar o la actividad política, con las funciones que realiza el timonel para conducir la nave a su meta que es el bien común. Siguiendo
a Aristóteles consideraba que el hombre es un ser político. Habiendo hombre hay sociedad, y habiendo sociedad hay
necesidad de coordinar la interacción entre las personas y las comunidades, con objeto de alcanzar el bien común y evitar un choque de intereses y conflictos.

Todos viajamos en el mismo barco no podemos fingir o aparentar que, como los ángeles, estamos al margen de lo político. Se equivocan los cristianos, que pretextando que no tenemos aquí ciudad permanente, pues
buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta de que la fe es un motivo que les obliga al más perfecto cumplimiento de todas ellas, según la
vocación personal de cada uno.

Alégrense los fieles cristianos de poder ejercer todas sus actividades temporales haciendo una síntesis vital del esfuerzo humano, familiar, profesional, científico o técnico, con los valores
religiosos, bajo cuya altísima jerarquía todo coopera a la gloria de Dios.

El compromiso social y político de los católicos en las sociedades democráticas. Destaca que no es posible callar sobre los peligros hacía los que algunas tendencias culturales tratan de orientar las legislaciones y, por
consiguiente, los comportamientos de las futuras generaciones.

El cristiano esta llamado a disentir de una concepción del pluralismo en clave de relativismo moral nociva para la misma vida democrática. Entre las diferentes cuestiones de que se ocupa el documento dice: que la conciencia cristiana no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de
una ley particular que contenga propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales
de la fe y la morar, como en el caso de las leyes civiles en materia del aborto y eutanasia, que deben tutelar el derecho primario a la vida desde la concepción hasta su termino natural.

Análogamente debe ser salvaguardada la tutela y promoción de la familia, ya que a la familia no pueden ser jurídicamente equiparadas otras formas de convivencia, ni éstas recibir, en cuanto tales reconocimiento legal.

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