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Visita de la vida religiosa a la casa de migrantes San Juan Diego, Diócesis de Cuautitlán

Periódico Provincial Mensajero
No. 249 / Pág. 4 / Caminar Diocesano
Redacción: Hna. Maribel Villanueva Sánchez HH./ Cuautitlán.

El pasado mes de enero, por motivo de la Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados nos reunimos las Hermanas de la Vida Religiosa de la Diócesis de Cuautitlán, con el Pbro. Omar N. Montoya García, Vicario de la Vida Religiosa; para visitar a las personas que pasan por la casa de los Migrantes.

Fue así que nos dimos cita en la Parroquia de San Pablo Apóstol, en el municipio de Huehueteca, para iniciar con una peregrinación rumbo a la casa de los migrantes, en el recorrido las oraciones, los cantos y las peticiones manifestaron el deseo de acompañar y solidarizarnos con estos hermanos nuestros que dejan a sus familias, países… en busca de una vida mejor; viviendo una serie de obstáculos para alcanzar su cometido.

Al llegar a la casa donde ya nos estaban esperando, el cafecito fue una oportunidad para acercarnos y hablar con los migrantes que estaban ese día descansando de su travesía y así continuar con su caminar.
Descubrimos que unos vienen de el Salvador y otros de Honduras.

Posteriormente leímos el mensaje que el Papa dirigió con ocasión de la Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados donde, destaca cuatro verbos que son motivación para hacerlos acciones concretas para bien de los migrantes y refugiados: “ACOGER, PROTEGER, PROMOVER E INTEGRAR”, y nos recuerda que, “El emigrante que reside entre vosotros será para vosotros como el indígena: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fuisteis en Egipto.

Yo soy el Señor vuestro Dios» (Lv 19,34)”. El Papa Francisco nos exhorta a dar una respuesta dinámica y clara a esta realidad, con acciones que como vida religiosa nos comprometemos asumir.

Más tarde realizamos una Hora de adoración al Santísimo, espacio de reflexión, contemplación y de colocar las necesidades de las personas que estaban en esta casa, mujeres solas y otras con niños, jó- venes y adultos y aunque no eran un gran número de migrantes ese día, se pudo palpar una gran necesidad que nuestros hermanos tienen de bienestar.

Una vivencia más, fue compartir la Eucaristía, momento oportuno para seguir pidiendo al Señor por cada unos de los hermanos migrantes, por los que trabajan en la Pastoral de la Movilidad Humana y por las autoridades de todo el mundo, para que trabajen por el bien de los migrantes; teniendo en cuenta las cuatro acciones que el Papa Francisco nos propone tener en cuenta para la atención de los migrantes.

Para terminar, compartimos los alimentos y entregamos algunas donaciones que se llevaron para nuestros hermanos. Agradecemos Al Pbro. Eloy Vargas, su trabajo en bien de acompañar a los migrantes.

Así como a los seminaristas y voluntarios, por su acogida y servicio.

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